Crónica de 800 km en auto (y sin tablet)

Crónica de 800 km en auto (y sin tablet)

Ustedes dirán que estoy loca, que viviendo en el 2017, viaje sola con niños y sin tablet! Jaja. Sí, estoy loca. ¿Qué necesidad no? Pero la verdad que me niego a la tablet. Primero porque no tengo una… Y segundo, porque me parece muy importante que los chicos aprendan a esperar, a mirar por la ventana, a imaginar, a inventar juegos, a leer libros, a hablar y preguntar, y otra vez a esperar y volver a mirar por la ventana… Confiando en que si nosotros cuando éramos chicos viajábamos así, creo y estoy convencida que se puede viajar así. Así que de ésta manera me emprendí por segunda vez en este largo viaje, sola y con niños.

A las 8 de la mañana en punto con el auto cargado, los chicos sentados y atados como la ley manda, salimos hacia el sur de Córdoba. Estaba tranquila y confiada que todo iba a salir bien. Cuando estoy en el baile lo único que queda es bailar, y los nervios y miedos previos se desvanecen.  Lo primero que hago (y esto lo hago SIEMPRE) es encomendarme a los Santos, para que nos acompañen y me ayuden a llegar en tiempo y forma a destino. Música, infaltable! Un arsenal de cosas ricas para sacar en situaciones críticas, dos mochilas cargadas de libros, animalitos, autitos, pelotas, cuadernos para pintar y crayones, y un previo lavado de cerebro a Agustina: “tenés que portarte bien”, “la tenés que ayudar a mamá”, “es un viaje muy muy muy largo”, “no podés sacarte el cinturón de seguridad”… Y listo!

¿Qué les puedo decir? El viaje resultó de maravillas, y llegamos en tiempo y forma! A pesar de unos pequeños percances que ahora que los pienso parecen muy pequeñitos (claro, porque terminaron bien!):

  1. Apenas encaramos la ruta se me abrió el baúl del auto! No pasó a mayores, me bajé y todo seguía en su lugar. Lo cerré y me aseguré que estuviera bien cerrado!
  2. Ya habíamos hecho 200 km cuándo JM vomitó. Primero hizo como una tos que no me pareció grave, pero después vomitó en serio. Pobre gordo! Y qué estrés! Este sí que fue un punto muy crítico del viaje. Me faltaban 600 km!!! Y ya había parado 3 veces en 15 minutos! ¿Y sí JM vomitaba todo el viaje? Frené al costado de la ruta, lo cambié, le hice tomar un poco de aire fresco y lo volví a sentar. Arranqué y ví que algo salió volando! Era el sueter de JM que lo había apoyado en el techo del auto! Por suerte lo recuperé sano y salvo. Estaba cerca del próximo pueblo, entonces lo único que esperaba era llegar, frenar un ratito, caminar y pensar cómo seguir. Me puse histérica! Cada 5 segundos, le decía: “JM mirá por la ventana, mirá la vaca, mirá el caballo”, quería que mire al horizonte para que no se vuelva a marear.  Llegamos a Rauch y nos bajamos a despejarnos todos. Hablé con JP y me dice “querés volverte?”. Ni loca! Si me volvía creo que no volvía a salir nunca más. Esta parada fue clave, JM se despejó y yo me tranquilicé. Arrancamos de vuelta, rogando que JM se durmiera por lo menos hasta llegar a Saladillo donde íbamos a almorzar. Y así fue. En todo ese tiempo no tengo recuerdos de Agus, supongo que al verme alterada entendió que tenía que pasar desapercibida.
  1. La parada a almorzar siempre me pone un poquito nerviosa. Los chicos bajan descontrolados (ya van 4 horas de viaje) y tengo pánico que se me escapen o que se me descontrole todo. Pero lo principal es sentarse a comer. Así que lo abarajé de entrada al mozo y le pedí empanadas de jamón y queso (fácil y rápido de comer). El almuerzo salió bien. Y apenas se empezaron a poner inquietos, pagué y salimos a caminar. Lo bueno de la estación de servicio de Saladillo es que tiene juegos y un lugar grande para caminar. Lo malo es que el día estaba horrible y todo mojado! No fuimos a los juegos, pero sí a caminar y a ver los gansos que siempre andan dando vueltas por ahí. (JM enloquecido con los Cua Cuas!)
  2. Después de la caminata: parada técnica en el baño. (Un capítulo aparte). Me pone histérica. Y con dos! A Agus la taladro desde antes de bajar del auto (“no toques, no toques, no toques, no toques”). Y a JM no me queda otra que sentarlo en el cochecito y encarar el baño todos juntos en dulce montón. La ayude a Agus primero, con la puerta abierta porque el cochecito no entraba y SinTocarNada! Y después la dejé a Agus paradita al lado del cochecito y yo como una loca gritando desde adentro (con la puerta cerrada claramente), “Aaaagussss, que haces? Ya salgo eh! Estan ahí? Agus??”… y Agus responde “Mmmjmm”. Como diciendo “mamá loca”. Cuando salí me encontré con una larga fila de mujeres paradas detrás del cochecito, y un montón de miradas; algunas compasivas, otras impacientes.
  3. Segundo tramo del viaje. Agus se durmió al toque. JM como ya había dormido un poco no se durmió. Pero estaba tranquilo y contento, y sin vomitar! Cada tanto alguna queja, pero solucionable con chupete y trapito. (TIP para el chupete: lo ato a una cinta larga, y esa cinta al respaldo del asiento de adelante. Entonces, cuando se le cae, tiro de la cinta para poder encontrarlo y se lo tiro a JM. Así no tengo que parar cada 5 minutos a buscar el chupete que muchas veces queda entre el asientito y el costado de la puerta, imposible de alcanzar.
  4. Mujer pulpo. ¿La conocen? Quiero agua, quiero una galletita, se me cayó la vaca, quiero agua, quiero un caramelo, se me cayó la cabra, quiero agua… Bueno, en eso me convertí. Descubrí el poder de alcance que tienen mis brazos! Y eso que tengo brazos cortos. Sin poner en riesgo el auto lograba llegar a casi todas las cosas. Por supuesto que lo que no podía alcanzar… mala suerte! Y las cosas importantes como agua, galletitas y caramelos, las tenía a mi alcance. Pero de pronto, esa cabra con la que tanto estaban jugando y derrepente se volvía indispensable para continuar el viaje, la alcanzaba.

Pasamos Junin, pasamos Teodelina, Santa Isabel, y pasamos Venado Tuerto. JM se volvió a dormir un poquito en alguno de esos tramos pero lo despertó Agus con uno de sus gritos de locura, que puedo decir que fueron dos en todo el viaje.

Y así finalmente llegamos, después de 9 horas de viaje. Y algunos contratiempos pero ninguno grave. Los felicité mil veces a los chicos por haberse portado tan bien! Estoy convencida que cuando el horno no está para bollos ellos lo saben, y en este viaje así fue. 🙂

 

Que tengan un gran viernes, y glorioso fin de semana!

Adeus!