Ese niño que pensé que había perdido

Ese niño que pensé que había perdido

Siempre pensé que había perdido ese niño adentro que queda de la infancia. Algunos dicen que no lo tienen, que se volvieron tan adultos que lo perdieron por completo. Yo pensé que lo había perdido. Pero el otro día en el supermercado descubrí que no. Es más que nunca lo perdí, sólo no me daba cuenta que lo tenía. Y me di cuenta lo lindo que es cuando aparece, me genera una adrenalina muy satisfactoria.

No sé si es porque me crié entre varones o qué, pero soy una madre riesgosa. Haber nacido entre varones me enseñó a esconder los miedos cuando los tenía, a demostrar valentía. Me enseñó a pensar que si ellos pueden yo también puedo. A hacerme lo suficientemente fuerte para que no me encasillen en “la mimada de la familia”. Y lo más divertido, a jugar entre varones, con los riesgos que eso implica.

Sí, soy una madre riesgosa. Lo que no quiere decir que sea relajada, pero cuando de riesgos se trata, me gusta tomarlos. Dejo que los chicos se trepen, confío en sus movimientos. En la hamaca los hamaco al máximo. Me gustan las velocidades y aliento para que ellos también las experimenten. En el carro del supermercado los llevo adentro, sueltos y cuando veo que muchos no me ven, los llevo a fondo entre las góndolas. Nada más lindo que ver cómo se divierten. A caballo los llevo desde los 6 meses, y considero que a partir de los tres ya pueden empezar a aprender a andar solos. Confío en que todo va a salir bien, y creo que esa confianza hace que la mayoría de las veces así sea. Me gusta que jueguen al aire libre, con pelotas, a los piratas, que corran y trepen, que hagan casitas, que jueguen con barro, que anden en bicicleta bien rápido, que se caigan y se levanten, que armen carritos y se lleven uno al otro, y que las curvas las tomen rápido. Tienen tiempo para ser prudentes. Algunos me miran con horror, otros se sonríen.

Sí, madre riesgosa. Y en esa madre riesgosa es donde encuentro ese niño que llevo dentro, que me genera esa adrenalina tan linda que me transporta al pasado, y la descubro en la cara de mis hijos.

 

(Esta es una de las veces que no salió tan bien) 🙂 Espero que no me denuncien!

Adeus!