Serie el Roble – III de IV (cuentos de josefina)

Serie el Roble –  III de IV (cuentos de josefina)

Hola!!! Si,  H O L A !

Estuve fuera de órbita, pero acá estoy tratando de volver a órbita.

Noviembre me pasó como un tornado, sí, como el último de los Cuentos de Josefina. Pero acá estoy volviendo a la calma, y pienso tomarme éste mes, el último del año pero tan controvertido por la mezcla de emociones que genera, con mucha calma precisamente y paz. Así que: Hola, Diciembre, ¿cómo estas?

Y de la mano de este mes, llega el tercero de la serie El Roble de Cuentos de Josefina. Cuando decidí publicar los cuentos, sólo me dije, este mes arranco. No planeé que coincidieran con algún mes del año. Simplemente, decidí publicarlos. Y ahora al releerlos, es como si lo hubiera planeado. ¿Qué mejor mes que éste para empezar a intentar soltar un poco?

 

Serie El Roble – III de IV

Dos robles.

Tomó las bellotas en sus manos. Él entendía de destierros. Ya hacía 20 años que había dejado su país natal. Todavía era joven, no llegaba a los 40 años. Su hambre lo había llevado lejos. Fue de esos pobladores argentinos que se hicieron la América. No es que haya tenido suerte. Tuvo arrojo. Supo que si quería avanzar en su vida, debía soltar.

Por eso tomó las bellotas. Había venido de visita al País Vasco y ya el sueño de comprar tierra en su nuevo país era casi un hecho. Pensó que quería llevar un pedacito de Europa a la Argentina. Soñó con una casa grande, hijos, nietos, y por qué no, bisnietos.

Así llegaron las bellotas a la pampa húmeda, con un destino de unir dos tierras y un corazón partido. Prepararon los almácigos con cariño.

Las bellotas, con la vida que brota de ellas, se parten para dejar nacer el tallo. Toda la fuerza de este árbol inmenso que es el roble europeo, radica en esos pocos centímetros de sueños.

Cuando las plantas ya tuvieron varios centímetros de altura, fueron trasplantadas al sitio elegido, cerca de la parte posterior de la casa que soñaban construir en esa tierra a la que se habían unido. El monte era insipiente. Los vientos de la pampa pelada dificultaban el crecimiento de las plantas. De a poco, el paisaje iba cambiando. Sus compañeros los eucaliptus empezaban a proteger con su cortina, casas y galpones de la zona.

Los robles encontraron sustento en ese suelo tan fértil. No existe humus más negro que el de esta zona de la llanura. Nutrientes y agua abundante empezaron a engordar tallos y ramas. Estos dos robles traían un sueño. Su sueño de vida europea en la nueva Argentina.

No eligieron ellos su destino. Su destino los llevó a ellos. El sueño de otro los hizo cruzar el inmenso océano. En tierras lejanas desplegaron su fuego de vida. En tierras lejanas desplegaron sus ilusiones y enraizaron sus sentires ocultos.

Como si pudiéramos asir lo que la vida nos depara. A veces, la única respuesta posible, es que tenemos que soltar y soltarnos. ¿Qué cosa?

Absolutamente todo.

Solo si soltamos todo, descubriremos el sueño oculto y la promesa que yace en lo más profundo de nuestro interior. Nuestro ser.

Cómo estas bellotas devenidas en robles a miles de kilómetros de su origen, pero que supieron hacer de su destino su nuevo hogar.

 

 

¡Buena semana!

Adeus!



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