Serie El Roble – IV de IV (Cuentos de Josefina)

Serie El Roble – IV de IV (Cuentos de Josefina)

¡Hola! ¿Cómo andan? ¡Feliz año!

Acá me encuentro perdida a 800 km de mi casa. Sí, ya hice ese viaje, y acá estoy en ese lugar, la casa de mis padres, donde les conté que no hace falta pedir permiso. Así que perdida acá, hoy me siento a publicar el último de los Cuentos de Josefina. Me da un poco de nostalgia terminar con esta serie, que no sólo me encantó, sino que cada vez que la vuelvo a leer me deja una enseñanza nueva. Y este último cuento no puede encajar mejor con este comienzo de año, para darnos fuerzas y esperanzas, para aceptar y caminar hacia adelante, hacia nuevos horizontes. Pero, ¿qué les voy a contar yo? Mejor lean el cuento y saquen sus propias conclusiones. 🙂

 

 

Serie El Roble – IV de IV

El Roble caído.

Vino en un bolsillo atravesando el océano. Venía a cumplir el sueño de otro, pero descubrió que ese era su propio camino.

80 años se mantuvo en pie junto a su hermano. Soportaron vientos, calores, heladas, hasta fuegos. Pero mantuvieron su llama indemne ante lo que pasara afuera. En su interior bullía el fuego de la vida. El fuego de un sueño.

Ser en otra tierra lo que no serían en su propia tierra. Llenar de frescura, belleza, bellotas y hojas, ese pequeño rincón que les tocara poblar.

Qué vida plena. Qué inmenso placer extender las ramas lo más lejos posible para ser acariciadas por el viento del día. Qué refrescante soltar todas esas hojas para atravesar los dolores del invierno, mientras el sueño de la primavera dormía su ser en tallos.

Ese verano ya lo tenía lleno de hojas verdes y frescas. Su hermano lucía magnífico unos pocos metros más allá. Pero los días se sucedían en un calor que iba subiendo a insostenible. Sintió que ese día algo pasaría. Sintió el rugir del tornado antes de poder verlo.

Casi sin darse cuenta, ya estaba en el suelo. No pudo resistir el embate del torbellino de vientos. Le murmuró a su hermano, que había escorado peligrosamente hacia el techo de la gran casa, que no se preocupara. Que había llegado su hora. Que ya era hora de partir. Que había cumplido su sueño y el sueño de otro. Que había amado cada día en este suelo que supo transformar en hogar.

Entendió que parte de la vida es la muerte. Que todos morimos para ser desde otro lado. Que nuestros sueños viven más allá de nosotros mismos. Que la vida es una sucesión de ciclos, buenos, malos, muy buenos, regulares. Que lo que importa es lo que aprendemos en el camino. Que lo que importa, es si estamos dispuestos a aceptar el aprendizaje. Que lo que importa es amar cada suspiro.

Se entregó a la sequedad de su nuevo estado. Aceptó que lo trozaran. Algunos pedazos se transformaron en fuego para dar calor en el invierno. Pero el hermoso tronco fue transformado en tablas.

De esas tablas surgieron bancos de madera que hoy pueblan las casas de nuestra familia.

Un roble caído que supo entender que su tiempo se había cumplido, que era hora de cambiar. Que era hora de tener nuevos sueños. Más allá. Sí… un poco más allá.

 

 

Gracias Jose por ser parte de mi blog y por alentarme a seguir adelante. Espero con ansias una nueva serie. Ojalá te inspires.

Buen fin de semana.

Adeus!

 



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